Zoo...lógica ?
En el origen, fue la ballena, aunque eso no sea compatible con darwinismos y otras maravillas de la ciencia. Y por si queda alguna duda de que lo bíblico no es lo mío, Jonás tampoco tuvo nada que ver con este asunto. En todo caso, la culpa debe ser de las orcas asesinas, que -para no desmentir la tradición- recuerdan lejanamente a los mayordomos (especie creo que en extinción, pero tradicionalmente vestida de blanco y negro).
Hace unos cuantos siglos, cuando la política era algo que ocupaba las paredes, alguien pintó lo de Vamos a matar al cerdo de Carrillo. Alguna mano anónima, que no inocente, pintó debajo: Ojo, Carrillo, que te quieren matar al cerdo. En estos tiempos de gastronomía alborotada, las carrilleras de cerdo (preferentemente ibérico) parecen ser el único vestigio visible (nonagenario Carrillo aparte) de tales batallitas.
Años antes, Borges -insigne escritor, maestro, posiblemente mal sujeto- escribió un Manual de Zoología Fantástica, luego editado como El libro de los seres imaginarios, que pone en mal lugar a cualquiera que -como quien suscribe- haya prometido escribir algo sobre animales. Tras recorrer el mundo e inventariar unicornios, sirenas y panteras, al Gato de Cheshire, los lamed wufniks, el nesnás y la Banshee, la chancha con cadenas (en el Río de la Plata una chancha es una cerda) es -si no me falla la memoria- el animal que elige de su Argentina natal. Una venganza servida en plato tan caliente, desmerece hasta al camarero, incluso si va vestido de pingüino, como suelen.
Para animales sonoros (por su nombre, que no por lo que graznen, rebuznen o maúllen) sin duda me quedo con el ornitorrinco y con el somormujo. Para animal mudo, yo mismo, en tiempos de silencio.
Y finalmente ya, puestos a callarse, cómo no hablar del oso hormiguero (ahora llamado vermilingua, gracias wikipedia), maestro entre maestros, entrañable, animal solitario y con pocos descendientes, buen nadador, incapaz de subirse a un árbol, de aspecto inofensivo pero con garras que le permiten pelear contra pumas y jaguares cuando es preciso y -sobre todo- poseedor de unos diminutos ojos de mirada difícil de aguantar y una larga lengua, visitante, sin duda, de los rincones más insospechados.
Hace unos cuantos siglos, cuando la política era algo que ocupaba las paredes, alguien pintó lo de Vamos a matar al cerdo de Carrillo. Alguna mano anónima, que no inocente, pintó debajo: Ojo, Carrillo, que te quieren matar al cerdo. En estos tiempos de gastronomía alborotada, las carrilleras de cerdo (preferentemente ibérico) parecen ser el único vestigio visible (nonagenario Carrillo aparte) de tales batallitas.
Años antes, Borges -insigne escritor, maestro, posiblemente mal sujeto- escribió un Manual de Zoología Fantástica, luego editado como El libro de los seres imaginarios, que pone en mal lugar a cualquiera que -como quien suscribe- haya prometido escribir algo sobre animales. Tras recorrer el mundo e inventariar unicornios, sirenas y panteras, al Gato de Cheshire, los lamed wufniks, el nesnás y la Banshee, la chancha con cadenas (en el Río de la Plata una chancha es una cerda) es -si no me falla la memoria- el animal que elige de su Argentina natal. Una venganza servida en plato tan caliente, desmerece hasta al camarero, incluso si va vestido de pingüino, como suelen.
Para animales sonoros (por su nombre, que no por lo que graznen, rebuznen o maúllen) sin duda me quedo con el ornitorrinco y con el somormujo. Para animal mudo, yo mismo, en tiempos de silencio.
Y finalmente ya, puestos a callarse, cómo no hablar del oso hormiguero (ahora llamado vermilingua, gracias wikipedia), maestro entre maestros, entrañable, animal solitario y con pocos descendientes, buen nadador, incapaz de subirse a un árbol, de aspecto inofensivo pero con garras que le permiten pelear contra pumas y jaguares cuando es preciso y -sobre todo- poseedor de unos diminutos ojos de mirada difícil de aguantar y una larga lengua, visitante, sin duda, de los rincones más insospechados.
